Creativo. El color verde denota vegetación, crecimiento fértil, abundante. El sombrero verde indica creatividad e ideas nuevas. Colocarse el sombrero verde es tener una actitud para ideas nuevas y de nuevas formas de enfocar las cosas. Ya no nos basamos en nuestra experiencia pasada, por el contrario debemos romper paradigmas, desechando viejas ideas para encontrar otras mejores. Se ocupa del cambio. Si tener una actitud positiva con el sombrero amarillo es difícil de asumir, cómo lo será con este sombrero. Estamos acostumbrados a pensar que la creatividad es espontánea o propia de personas “especiales” que tienen esta sensibilidad. Pero en cambio, este sombrero puede dar al pensador el enfoque para ser creativo y con este cambio de actitud ya hemos producido una mejora. La creatividad sí es algo que se puede propiciar, aprender y mejorar. “Explicación” de las sensaciones generales agradables: Éstas están determinadas por la fe en Dios. Están determinadas por la conciencia de buenas acciones (la llamada “conciencia tranquila”, un estado fisiológico que a veces se parece mucho a la buena digestión). Están determinadas por el resultado feliz de empresas (conclusión errónea candorosa; el resultado feliz de una empresa no proporciona en absoluto sensaciones generales agradables a un hipocondríaco o a un Pascal). Están determinadas por la fe, el amor y la esperanza: las virtudes cristianas. En realidad, todas estas presuntas explicaciones son estados derivados y, por así decirlo, traducciones de sensaciones de placer o desplacer a un dialecto falso. Se está en condiciones de esperar porque la sensación de fuerza y plenitud infunde tranquilidad serena. La moral y la religión pertenecen en un todo a la sicología del error: en cada caso particular se confunde la causa con el efecto, la verdad con el efecto de lo creído cierto o un estado de la conciencia con la causalidad de este estado. Me limito aquí a exponer la sicología de todo hacer responsable. Dondequiera que se busquen responsabilidades suele ser el instinto del querer castigar y juzgar el que impera. Cuando se reduce el ser tal y como es, a voluntad, propósitos, actos de la responsabilidad, se despoja la posibilidad de su inocencia; la doctrina de la voluntad ha sido inventada esencialmente para los fines de castigo, esto es, para satisfacer el afán de declarar culpable. Toda la antigua sicología, la sicología volicional, reconoce como origen el hecho- de que sus autores, los sacerdotes al frente de antiguas comunidades, querían procurarse a sí mismos o bien a Dios, el derecho de castigar. Se concebía a los hombres “libres”, para que se los pudiera juzgar y castigar, para que pudieran ser culpables; en consecuencia, había que concebir cada acto como acto volitivo, el origen de cada acto como situado en la conciencia (con lo cual la tergiversación más fundamental in psychologicis quedaba convertida en el principio de la sicología...). Hoy día, cuando hemos entrado en el movimiento opuesto; cuando en particular los inmoralistas nos aplicamos con todas las fuerzas a eliminar del mundo el concepto de la culpa y el del castigo, y depurar de ellos la sicología, la historia, la Naturaleza y las instituciones y sanciones sociales, consideramos como nuestros adversarios más radicales a los teólogos, los que por el concepto del “orden moral” siguen arruinando la inocencia de la posibilidad, contaminándola con el “castigo” y la “culpa”. El cristianismo es la metafísica del verdugo... Mi noción de la libertad. A veces el valor de una cosa no reside en lo que con ella se consigue, sino en lo que por ella se paga, en lo que nos cuesta. Consignaré un ejemplo. Las instituciones liberales, una vez impuestas dejan de ser pronto liberales; posteriormente, nada daña en forma tan grave y radical la libertad como las instituciones liberales. Sabidos son sus efectos: socavan la voluntad de poder, son la nivelación de montaña y valle elevada al plano cie la moral, empequeñecen y llevan a la pusilanimidad y a la molicie; con ellas triunfa siempre el hombrerebaño. El liberalismo significa el desarrollo del hombre-rebaño... Las mismas instituciones, mientras se brega por ellas, producen muy otros efectos; entonces promueven, en efecto, poderosamente la libertad. Bien mirado, es la guerra la que produce estos efectos; la guerra librada por instituciones liberales, que como guerra perpetúa los instintos antiliberales. Y la guerra educa para la libertad. Pues ¿qué significa libertad? Que se tiene la voluntad de responsabilidad personal. Que se mantiene la distancia jerárquica que diferencia. Que se llega a ser más indiferente hacia la penuria, la dureza, la privación y aun hacia la vida. Que se está pronto a sacrificar en aras de su causa vidas humanas, la propia inclusive. Significa la libertad que los instintos viriles, guerreros y triunfantes privan sobre otros instintos, por ejemplo, los de la “felicidad”. El hombre libertado, y, sobre todo, el espíritu libertado, pisotea el despreciable bienestar con que sueñan mercachifles, cristianos, vacas, mujeres, ingleses y demás demócratas. El hombre libre es un guerrero. ¿Cuál es el criterio de la libertad en los individuos y los pueblos? La resistencia que es preciso superar, el esfuerzo que demanda el mantenerse arriba. El tipo más alto de hombres libres debiera buscarse allí donde continuamente se supera la resistencia más grande a dos pasos de la tiranía, a un tris del trance de caer en la servidumbre. Esto es sicológicamente cierto si aquí se entiende por los “tiranos” instintos implacables y terribles que desafían contra sí el maximum de autoridad y disciplina: el tipo más hermoso es Julio César, y es también políticamente cierto, como lo prueba la historia. Ningún pueblo importante que llegó a ser un pueblo de valía, llegó a serlo bajo instituciones liberales; el grave peligro hizo de él algo dignó de veneración: el peligro que nos da la noción de nuestros recursos, nuestras virtudes, nuestras armas, nuestro espíritus que nos obliga, en suma, a ser fuertes... Primer axioma: hay que estar obligado a ser fuerte o si no, no se lo es nunca. Esos grandes semilleros del hombre fuerte, del tipo humano más fuerte que se ha dado jamás, las comunidades aristocráticas al estilo de Roma y Venecia, entendían la libertad exactamente en el sentido en que yo entiendo la palabra “libertad”: como algo que se tiene y no se tiene, que se quiere, que se conquista... La cuestión obrera. La estupidez, en el fondo; la degeneración de los instintos, que hoy día es la causa de todas las estupideces, reside en que exista una cuestión obrera. Hay cosas de las que no se hace cuestión: imperativo primordial del instinto. Yo no veo en absoluto qué quiere hacerse con el obrero europeo, una vez que se le ha convertido en cuestión. Se encuentra en una situación demasiado ventajosa como para no plantear su cuestión de una maner=a cada vez más categórica e imperiosa. Cuenta, en definitiva, con la ventaja de la superioridad numérica. Se ha desvanecido por completo la esperanza de que en el obrero se cristalice como clase un tipo humano modesto y que se baste a él mismo, lo cual hubiera tenido sentido, pues resultâuu francamente necesario. ¿Qué se ha hecho? Se ha hecho todo por matar en germen hasta la idea de tal evolución; por obra de la más irresponsable despreocupación y ligereza se ha causado la destrucción total de los instintos, gracias a los cuales el obrero es factible, factible para sí mismo, como clase. Se ha desarrollado en el obrero la capacidad militar, se le ha acordado el derecho de coalición, el sufragio; no es de extrañar así que el obrero sienta en realidad su existencia como un apremio (moralmente hablando, como una injusticia). ¿Qué es lo que, en definitiva, se quiere? Si se intenta un fin, hay que procurar también los medios conducentes a su logro; si se quiere esclavos, es una locura educarlos para amos. Yo he sido el primero en tomar en serio, para la comprensión del instinto heleno de los primeros tiempos, aún rico y hasta pletórico, ese fenómeno maravilloso que lleva el nombre de Dionisos; fenómeno que sólo puede ser explicado por un excedente de fuerza. Quien ahonda en el estudio de los griegos, como ese conocedor más profundo de su cultura, Jakob Burckhardt, de Basilea, se percata al momento de la significación de mi actitud. Insertó Burckhardt en su Cultura de los griegos un capítulo dedicado expresamente a dicho fenómeno. Para conocer la antítesis del mismo no hay más que considerar la pobreza casi hilarante de los instintos de qué dan prueba los filólogos alemanes en cuanto se asoman a lo dionisíaco. Sobre todo el famoso Lobeck, que con el digno aplomo de un gusano secado entre libracos se introdujo en este mundo de estados misteriosos tratando de creer que así era científico, cuando en realidad era superficial y pueril en un grado que da asco. Lobeck ha dado a entender, en un máximo despliegue de erudición, que todas estas curiosidades en el fondo no significaban gran cosa. De hecho, los sacerdotes comunicarían a los participantes de tales orgías algunos datos nada fútiles; por ejemplo, que el vino excitaba la voluptuosidad; que el hombre se alimentaba eventualmente de frutos; que las plantas florecían en la primavera y se marchitaban en otoño. En cuanto a la desconcertante riqueza en ritos, símbolos y mitos de origen orgiástico que literalmente cubre el mundo antiguo, es para Lobeck motivo para aumentar un poquito su ingenio. “Los griegos-escribe en Aglaofames I, 672-cuando no tenían otra cosa que hacer reían, correteaban y se lanzaban por ahí, o bien, ya que el hombre a veces también siente estas ganas, se sentaban y prorrumpían en llanto y lamento. Luego otros se les acercaban y buscaban algún motivo que explicara tan rara conducta; así se desarrollaron como explicación de esas costumbres innumerables leyendas y mitos. Por otra parte, se creía que ese comportamiento gracioso que se registraba en los días de fiesta era un rasgo esencial de las fiestas, y así lo preservaban como parte imprescindible del culto.” Esto es un solemne disparate; no se tomará en serio a Lobeck ni por un instante. Con muy otra disposición examinamos el concepto “griego” que se han formado Winckelmann y Goethe, y lo encontramos incompatible con ese elemento del que surge el arte dionisíaco : con el orgiástico. En efecto, no dudo de que Goethe hubiera negado de plano que algo semejante cupiese dentro de las posibilidades del alma griega. Quiere decir que Goethe no comprendió a los griegos. Pues sólo en los misterios dionisíacos, en la sicología del estado dionisíaco, se expresa el hecho fundamental del instinto heleno: su “voluntad de vida”. ¿Qué se garantizaba el heleno con estos misterios? La vida eterna, el eterno retorno a la vida; el futuro prometido y consagrado en el pasado; el triunfante sí a la vida más allá de la muerte y mutación; la vida verdadera como pervivencia total, por la procreación, por los misterios de la sexualidad. De ahí que para los griegos el símbolo sexual fuera el símbolo venerable en sí, la profundidad propiamente dicha en toda la piedad antigua. Todo pormenor relativo al acto de la procreación, al embarazo y al parto suscitaba los sentimientos más elevados y solemnes. En la doctrina de los misterios está santificado el dolor: los “dolores de la parturienta” santifican el dolor en sí; todo nacer y crecer, todo lo que garantiza el futuro, determina el dolor... Para que haya eterno goce de la creación, para que la voluntad de vida eternamente se afirme a sí misma, debe haber también eternamente por fuerza la “agonía de la parturienta”... Todo esto encierra la significación de la palabra “Dionisos”; yo no conozco simbolismo más elevado que este simbolismo griego, el de las dionisas. En él, el instinto más profundo de la vida, el del futuro de la vida, de la eternidad de la vida, está sentido religiosamente, y el camino mismo a la vida, la procreación, como el camino santo... Sólo el cristianismo, con su resentimiento fundamental dirigido contra la vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha enlodado el principio, la premisa de nuestra vida... La sicología de lo orgiástico, como de un sentimiento pletórico de vitalidad y fuerza dentro del cual aun el dolor obra como estimulante, me ha ofrecido la clave del concepto del sentimiento trágico, que tanto Aristóteles como, en particular, nuestros pesimistas, han entendido mal. La tragedia, lejos de corroborar el pesimismo de los helenos en el sentido de Schopenhauer, ha de ser considerada como rotunda refutación y antítesis del mismo. El decir sí a la vida, aun en sus problemas más extraños y penosos, la voluntad de vida gozando con la propia inagotabilidad en el sacrificio de sus tipos más elevados: a esto es a lo que he llamado dionisíaco, lo que he adivinado como clave de la sicología del poeta trágico. No para librarse de terror y de la compasión, no para purgarse de un peligroso afecto por la descarga violenta del mismo, como creyó Aristóteles, sino para ser personalmente, más allá de terror y compasión, el goce eterno del devenir, ese goce que comprende aun el goce del destruir... Y así llego de vuelta al punto del que en un tiempo partí: El origen de la tragedia que fue mi primera transmutación de todos los valores. Así me reintegro al suelo del que brota mi querer y mi poder -yo, el último discípulo del filósofo Dionisos-, yo, el pregonero del eterno retorno...
En menos que canta un gallo.
Todas las pasiones atraviesan una etapa en que son pura fatalidad, abismando a su víctima por el peso de la insensatez, y por otra, muy posterior, en que se desposan con el espíritu, se “espiritualizan”. En tiempos pasados, a causa de la insensatez inherente a la pasión, se hizo la guerra a la misma trabajando por su destrucción; todos los antiguos monstruos de la moral coincidían en exigir: “hay que acabar con, las pasiones”. La fórmula más célebre al respecto está en el Nuevo Testamento, en ese Sermón de la Montaña, donde, dicho sea de paso, nada se contempla desde lo alto. Allí se dice, por ejemplo, con respecto a la sexualidad: “Si te fastidia tu ojo, sácalo.” Por fortuna, ningún cristiano cumple tal precepto. Destruir las pasiones y los apetitos nada más que para prevenir su insensatez y las consecuencias desagradables de su insensatez se nos antoja hoy, a su vez, una mera forma aguda de la insensatez. Ya no admiramos a los dentistas, que extraen los dientes para que no duelan más... Ahora bien, admitamos en honor a la verdad que en el clima en que nació el cristianismo ni podía concebirse el concepto “espiritualización de la pasión”. Sabido es que la Iglesia primitiva luchó contra los “inteligentes” en favor de los pobres de espíritu; ¿cómo iba a librar a la pasión una guerra inteligente? Combate la Iglesia la pasión apelando a la extirpación de todo sentido; su práctica, su “cura”, es la castración. Jamás pregunta: “¿Cómo se hace para espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?” En todos los tiempos ha hecho recaer el acento de la disciplina recomendando la exterminación de la sensualidad, el orgullo, el afán de dominar, la codicia y la sed de venganza. Mas atacar por la base las pasiones significa atacar por la base la vida misma; la práctica de la Iglesia es antivital... Escorts Madrid Siempre con excepción de la parte del producto que su productor vuelve a emplear directamente como medio de producción, en la producción capitalista rige la siguiente norma general: todos los productos aparecen en el mercado como mercancías y circulan, por tanto, para el capitalista, como la forma–mercancía de su capital, como capital–mercancías, lo mismo si estos productos, por su forma natural, por su valor de uso, deben o pueden funcionar como elementos del capital productivo (del proceso de producción), y por tanto como elementos fijos o circulantes de él, que si sólo pueden actuar como medios de consumo individual, no de consumo productivo. Todos los productos son lanzados al mercado como mercancías: todos los medios de producción y de consumo, todos los elementos del consumo productivo o individual tienen, por tanto, que ser sustraídos al mercado, por compra, como mercancías. Esta perogrullada (truism) responde, naturalmente, a la verdad. Por consiguiente, esto es aplicable tanto a los elementos fijos como a los elementos circulantes del capital productivo; tanto a los medios de trabajo como al material de trabajo en todas sus formas. (Y aquí se olvida, además, que hay elementos del capital productivo que, existiendo por naturaleza, no son tales productos.) Las máquinas se compran en el mercado, exactamente lo mismo que el algodón. Pero de aquí no se deduce, ni mucho menos –se deduce, no de aquí, sino de la confusión en que A. Smith incurre del capital de circulación con el capital circulante, es decir, con el capital fijo –que todo capital fijo provenga originariamente de un capital circulante. Además, con esto, A. Smith se contradice a sí mismo. El mismo nos dice que las máquinas forman, como mercancías, la parte n° 4 del capital circulante. El hecho de que provengan de un capital circulante sólo significa, pues, que funcionaban como capital–mercancías antes de funcionar como máquinas, y que materialmente provienen de sí mismas, del mismo modo que el algodón, como elemento circulante del capital del fabricante de hilados, proviene del algodón puesto a la venta en el mercado. Y si A. Smith, continuando con su exposición, deriva el capital fijo del circulante por el mero hecho de que para fabricar máquinas sean necesarios el trabajo y las materias primas, le podemos objetar que para fabricar máquinas hacen falta también medios de trabajo, es decir, capital fijo, del mismo modo que hace falta también capital fijo, maquinaria, etc., para producir materias primas, puesto que el capital productivo incluye siempre medios de trabajo, aunque no obligatoriamente material de trabajo. El propio A. Smith dice, a continuación: “La tierra, las minas y las pesquerías requieren para su explotación, capital fijo y circulante [reconoce, por tanto, que para producir materias primas hace falta, no sólo capital circulante, sino también capital fijo] y [¡nueva tergiversación!] su producto repone, con ganancias, no sólo aquellos capitales, sino todos los demás de la sociedad” (p. 257). Esto es totalmente falso. Su producto suministra las materias primas, las materias auxiliares, etc., para todas las demás ramas industriales. Pero su valor no reembolsa el valor de todos los demás capitales de la sociedad: reembolsa solamente su propio valor–capital (+ la plusvalía). Aquí, volvemos a encontrarnos en A. Smith con reminiscencias de los fisiócratas. BCN chicas Quizá conozca yo a los alemanes; quizá hasta tenga derecho a decirles cuatro verdades. La nueva Alemania representa una gran cantidad de capacidad ingénita y desarrollada; así que por un tiempo le es dable gastar, y aun derrochar, el caudal acumulado de fuerza. No ha llegado a prevalecer, con ella, una cultura elevada, y menos un gusto exquisito, una “belleza” aristocrática de los instintos; sí, virtudes más viriles que en ningún otro país de Europa. Hay mucha gallardía y orgullo, mucho aplomo en el trato, en la reciprocidad de los deberes, mucha laboriosidad, mucha perseverancia; y una moderación ingénita que necesita, antes que del freno, del aguijón. Por lo demás, en Alemania se obedece todavía, sin que la obediencia implique una humillación... Y nadie desprecia a su adversario... girlsbcn.com.es Por este procedimiento se obtienen ocho ciclos completos de rotación de un capital de 600 libras esterlinas (I: semanas 1–9; II: semanas 7–15; III: semanas 13–21; IV: semanas 19–27; V: semanas 25–33; VI: semanas 31–39; VII: semanas 37–45; VIII: semanas 43–51), hasta llegar al final de la semana 51. Pero como las semanas 49 51) corresponden al octavo período de rotación, durante ellas deberán entrar en funciones las 300 libras del capital disponible y mantener en marcha la producción. De este modo, la rotación se presenta al final del año, así: 600 libras esterlinas han efectuado ocho rotaciones completas, con un total de 4,800 libras esterlinas. A esto hay que añadir el producto de las últimas 3 semanas (49 51), que sólo representan la tercera parte de un ciclo de rotación de 9 semanas y que, por tanto, sólo añaden a la suma total de rotación la tercera parte de su importe, o sean, 100 libras esterlinas. Por consiguiente, aunque el producto anual de 51 semanas sea = 5,100 libras esterlinas, el capital recuperado por la rotación será solamente 4,800 + 100 = 4,900 libras esterlinas; esto quiere decir que el capital de 900 libras desembolsado se habrá recuperado por rotación de 5 4/9 veces, es decir, un poco más que en el caso I. Barcelona chicas
Más adelante (libro III) veremos a qué absurdas teorías conduce en MacCulloch, James Mill, etc., el intento de identificar el tiempo de producción, distinto del tiempo de trabajo, con éste; intento que, a su vez, nace de una aplicación falsa de la teoría del valor. Señoritas de compañía en Madrid La suma total de la fuerza de trabajo y de los medios sociales de producción invertidos como medios de circulación en la producción anual de oro y plata representa una partida importante de los faux frais del régimen capitalista de producción y de todo régimen basado en la producción de mercancías. Sustrae el empleo social una suma proporcional de posibles medios adicionales de producción y de consumo, es decir, una parte proporcional de la riqueza efectiva. En la medida en que, partiendo de una escala dada e invariable de la producción o de un determinado grado de extensión, se reducen los gastos de esta maquinaria tan cara de circulación, aumenta la fuerza productiva del trabajo social. Por consiguiente, en la medida en que los recursos que se van perfeccionando con el régimen de crédito surten este efecto, aumenta directamente la riqueza capitalista, bien porque de este modo se efectúe sin intervención alguna de dinero real una gran parte del proceso social de producción y de trabajo, bien porque se eleve así la capacidad de funcionamiento de la masa de dinero que se halla realmente en funciones. Chicas de compañía en valencia III. De los capitalistas de la sección segunda, de los productores directos de medios de consumo. Reponen a éstos el capital empleado en la producción de artículos de consumo (en la medida en que este capital no se invierte en fuerza de trabajo, es decir, en pagar la suma de salarios a los obreros de esta sección) , mientras que el capital aquí empleado, que ahora se halla en forma de medios de consumo en manos de los capitalistas que los producen, forma a su vez –y, por tanto, desde el punto de vista social– el fondo de consumo en que los capitalistas y obreros de la sección primera realizan su renta. Chicas de compañía de lujo en Barcelona Esto depende de diversas condiciones, que se reducen todas ellas, en lo esencial, a la mayor celeridad, regularidad y seguridad con que la masa necesaria de materias primas pueda suministrarse para que no se produzcan nunca interrupciones. Cuanto menos se den estas condiciones, es decir, cuanto menores sean la celeridad, regularidad y seguridad de ese suministro, mayor tendrá que ser la parte latente del capital productivo, es decir, de las existencias de materias primas, etc., almacenadas en manos del productor y pendientes de su elaboración. Estas condiciones se hallan en razón inversa al grado de desarrollo de la producción capitalista y, por tanto, a la fuerza productiva del trabajo social. Y lo mismo ocurre, por consiguiente, con el almacenamiento bajo esta forma. Acompañantes Canarias En realidad, la producción capitalista es la producción de mercancías como forma general de la producción, pero lo es exclusivamente, y cada vez más a medida que se desarrolla, porque aquí el propio trabajo aparece como mercancía, porque el obrero vende el trabajo, es decir, la función de su fuerza de trabajo, y la vende además, según nuestra hipótesis, por el valor determinado por su costo de producción. A medida que el trabajo se convierte en trabajo asalariado, el productor se convierte en capitalista industrial; de aquí que la producción capitalista (y, por tanto, la producción de mercancías) sólo cobre su expresión completa así donde queda incluido también en la categoría de los obreros asalariados el productor agrícola directo. En la relación entre el capitalista y el obrero asalariado, la relación pecuniaria, la relación entre comprador y vendedor, se convierte en una relación inmanente a la misma producción. Pero esta relación descansa, fundamentalmente, en el carácter social de la producción, no en el del tráfico: éste obedece, por el contrario, a aquél. Por lo demás, es lógico que la mentalidad burguesa, que sólo ve lo que se refiere al negocio, no comprenda que es el carácter del régimen de producción lo que sirve de base al régimen de tráfico correspondiente, y no a la inversa.1 Whores Madrid El tiempo de circulación y el tiempo de producción se excluyen mutuamente. Mientras circula, el capital no funciona como capital productivo, ni produce, por tanto, mercancías ni plusvalía. Si examinamos el ciclo en su forma más simple en el que el valor–capital en su conjunto pasa siempre de golpe de una fase a otra, vemos palpablemente cómo el proceso de producción y con él el proceso de autovalorización del capital se interrumpe mientras dura el tiempo de circulación y cómo según la duración de éste será más rápida o más lenta la renovación de aquél. En cambio, cuando las diferentes partes del capital se entrecruzan, de tal modo que el ciclo del valor–capital en su conjunto se efectúa sucesivamente a través del ciclo de sus diferentes partes, es evidente que cuanto más tiempo permanezcan sus partes alícuotas en la esfera de circulación, menor será la parte del capital que funcione en la esfera de la producción. Por tanto, la expansión y la contracción del tiempo de circulación actúan como traba negativa sobre la contracción o la expansión del tiempo de producción o del plazo durante el cual un capital de determinada magnitud funciona como capital productivo. Cuanto más ideales sean las metamorfosis circulatorias del capital, es decir, cuanto más se reduzca a 0 o tienda a reducirse a 0 el tiempo de circulación, más funcionará el capital, mayores serán su productividad y su autovalorización. Si el capitalista, por ejemplo, trabaja por encargo, cobrando el producto en el momento de entregarlo y se le pagó en, sus propios medios de producción, el tiempo de circulación se acercará mucho a 0. barcelona prostitutas
El capital circulante variable invertido durante la producción sólo puede funcionar de nuevo en el proceso de circulación siempre y cuando que el producto en que su valor se reproduce se venda, se convierta de capital–mercancías en capital–dinero, para luego volver a invertirse en el pago de fuerza de trabajo. Y otro tanto acontece con el capital circulante constante invertido en la producción (en los materiales de producción) y cuyo valor reaparece como parte de valor en el producto. Lo que tienen de común estas dos partes –la parte constante y la parte variable del capital circulante– y lo que las distingue por igual del capital fijo no es el hecho de que su valor transferido al producto circule a través del capital–mercancías, es decir, a través de la circulación del producto como mercancía. Una parte del valor del producto y, por tanto, del producto que circula como mercancía, del capital–mercancías, proviene siempre del desgaste del capital fijo, o sea, de la parte de valor del capital fijo transferida al, producto en el transcurso de la producción. La diferencia consiste en que el capital fijo sigue actuando en el proceso de producción bajo su antigua forma útil, durante un ciclo más largo o más corto de períodos de rotación del capital circulante (= capital circulante constante + capital circulante variable), mientras que cada rotación de por sí tiene como condición la reposición de todo el capital circulante que pasa –bajo la forma de capital–mercancías– de la órbita de la producción a la órbita de la circulación. La primera fase de la circulación M'–D' es común al capital circulante constante y al variable. Pero, al llegar a la segunda fase, estas dos formas de capital se separan. Una parte del dinero en que vuelve a convertirse la mercancía se transforma en reserva de producción (capital circulante constante). Según los distintos plazos de compra de los elementos que la forman, puede ocurrir que una parte se convierta antes, y otra después, de dinero en materiales de producción, pero tarde o temprano toda ella acabará sufriendo esta transformación. Otra parte del dinero obtenido por la venta de la mercancía seguirá existiendo bajo la forma de reserva de dinero, para irse invirtiendo poco a poco en el pago de la fuerza de trabajo incorporada al proceso de producción. Esta parte forma el capital circulante variable. No obstante, la reposición de una u otra parte procede íntegramente de la rotación del capital, de su transformación en producto, del producto en mercancía y de ésta en dinero. He aquí por qué, en el capítulo anterior, hemos estudiado de un modo especial y en conjunto –incluyendo el constante y el variable– la rotación del capital circulante, sin fijarnos en el capital fijo. putas rusas D' no es más que el resultado de la realización de M'. Ambos, M' y D' son, pura y exclusivamente, formas distintas, la forma mercancía y la forma dinero, del valor del capital valorizado; ambos tienen de común el ser eso: el valor del capital valorizado. Ambos son capital realizado porque, aquí, el valor del capital existe como tal junto con la plusvalía, fruto distinto de él y conservado por él, a pesar de que esta diferencia sólo se expresa en la forma distinta de la relación entre dos partes de una suma de dinero o de un valor contenido en mercancías. Pero, como expresiones del capital en relación con y a diferencia de la plusvalía engendrada por él, es decir, como expresiones del valor valorizado, D' y M' son lo mismo y expresan lo mismo, sólo que bajo forma distinta; no se distinguen como capital–dinero y capital–mercancías, sino como dinero y mercancía. En cuanto representan valor valorizado, capital empleado como capital, no hacen más que expresar el resultado de la función del capital productivo, de la única función en que el valor del capital pare valor. Lo que tienen de común es que ambos, el capital–dinero y el capital–mercancías, son modalidades del capital. Uno es capital en forma de dinero, otro capital en forma de mercancías. Por tanto, las funciones específicas que los distinguen no pueden ser otras que las diferencias que median entre la función del dinero y la función de la mercancía. El capital–mercancías, como producto directo del proceso capitalista de producción, recuerda su origen y es, por tanto, en su forma, más racional, menos carente de sentido que el capital–dinero, que no conserva el menor vestigio de este proceso, ya que en el dinero desaparece siempre toda forma específica de uso de la mercancía. Donde se esfuma su forma peregrina sólo es, pues, allí donde el mismo D' funciona como capital–mercancías, donde es el producto directo de un proceso de producción y no la forma transfigurada de este producto; es decir, en la producción del mismo material–dinero. Tratándose de la producción de oro, por ejemplo, la fórmula sería: girlsbcn
Molar un huevo.
Cristiano y anarquista. El anarquista, como portavoz de capas décadents de la sociedad, reivindica con hermosa indignación “justicia” e “igualdad de derechos”, se halla bajo la presión de su ignorancia, no sabe comprender por qué sufre y, en definitiva, es pobre en vida... Obra en él un impulso causal: alguien debe tener la culpa de su mala situación... Por otra parte, su enorme indignación le hace bien; es un placer lanzar diatribas en nombre de todos los pobres diablos, ya que proporciona una pequeña embriaguez de poder. La sola queja, el solo hecho de quejarse, confiere a la vida un encanto que la hace llevadera; en toda queja hay una dosis sutil de venganza, uno reprocha su malestar, eventualmente hasta su maldad, como si fuese una injusticia, un privilegio ilícito, a los que no comparten su condición. “Si yo soy canaille, tú también debes serlo”-tal es la lógica que inspira la revolución-. La queja nunca vale nada, es un producto de la debilidad. Lo mismo da, en definitiva, que uno eche la culpa de su malestar a otros, como el socialista, o a sí mismo, como, por ejemplo, el cristiano; lo que en los dos casos hay de común y de indigno es que hacen a alguien responsable de su sufrimiento; en una palabra, que el que sufre se receta contra su sufrimiento la miel de la venganza. Los objetos de esta necesidad de venganza, que viene a ser una necesidad de placer, son causas accidentales; el que sufre encuentra por doquier motivos para satisfacer su mezquino afán vindicativo; si es cristiano, los encuentra, como queda dicho, en sí mismo... Tanto el cristiano como el anarquista son décadents. Mas también el cristiano, cuando repudia, difama y vitupera al “mundo”, lo hace llevado por el afán que impulsa al trabajador socialista a repudiar, difamar y vituperar la sociedad; aun el “juicio final” es el dulce consuelo de la venganza, la revolución deseada por el trabajador socialista, proyectada en un futuro un tanto más lejano... El propio “más allá”, ¿no es en el fondo un medio de difamar este mundo? ... Callgirls en Barcelona A esto se nos dice que una mayor inversión de capital–dinero variable (se parte, naturalmente, del supuesto de que el valor del dinero no ha variado) significa una masa mayor de medios pecuniarios en manos de los obreros. Esto trae como consecuencia una mayor demanda de mercancías por parte de ellos. Como consecuencia del mismo fenómeno aumenta también el precio de las mercancías. Se dice, asimismo: al subir los salarios, los capitalistas aumentan los precios de sus mercancías. El alza general de los salarios determina en ambos casos una subida de los precios de las mercancías. Por tanto, será necesaria una masa mayor de dinero para hacer circular las mercancías, cualquiera que sea la explicación que se dé de la subida de los precios. escortbarcelona 1) La distinción entre el capital fijo y el capital circulante se confunde con la distinción entre el capital productivo y el capital–mercancías. La misma máquina, por ejemplo, es capital circulante sí figura como mercancía en el mercado y capital fijo sí se incorpora al proceso de producción. En estas condiciones, es imposible comprender, en absoluto, por qué una determinada clase de capital tiene más de fijo o de circulante que la otra. begleitservice Madrid Ure dice, aludiendo a una máquina de estampado de color empleada en los talleres de estampación de percales: "Por fin, los capitalistas procuraron librarse de esta insoportable esclavitud [la esclavitud de las condiciones contractuales de trabajo de los obreros, que consideraban gravosas] invocando las fuentes auxiliares de la ciencia, y pronto se vieron reintegrados en sus legítimos derechos: los derechos de la cabeza sobre las demás partes del cuerpo." Y, refiriéndose a un invento para unir cadenas, invento provocado directamente por una huelga, comenta: "La horda de los descontentos, que se creía invenciblemente atrincherada detrás de las viejas líneas de la división del trabajo, se vio atacada por el flanco, con todos sus medios de defensa destruidos por la moderna táctica mecánica. No tuvo más remedio que rendirse sin condiciones." He aquí ahora cómo comenta el invento de la selfacting mule: "Esta máquina estaba llamada a restablecer el orden entre las clases industriales... Este invento vino a confirmar la tesis ya desarrollada por nosotros de que el capital, cuando pone a su servicio a la ciencia, reduce siempre a razón la mano rebelde del trabajo.126 Aunque la obra de Ure vio la luz en 1835, es decir en un tiempo en que el sistema fabril no había adquirido todavía gran pujanza, sigue siendo aún hoy la expresión clásica del espíritu de la fábrica, no sólo por su franco cinismo, sino también por la ingenuidad con que vierte en su cháchara las contradicciones vacías de sentido que se albergan en el cerebro del capital. Así, por ejemplo, después de desarrollar la "tesis" de que el capital, con ayuda de la ciencia puesta por él a sueldo, "reduce siempre a razón la mano rebelde del trabajo", se indigna de que "se le acuse [a la ciencia físico–mecánica] por algunos de entregarse al despotismo de unos cuantos capitalistas ricos, convirtiéndose en instrumento de opresión de las clases pobres". Y, después de haber predicado a todos los vientos lo ventajoso que es para los obreros el desarrollo rápido de la maquinaria, les advierte que, con su rebeldía, sus huelgas, etc., no hacen más que acelerar el desarrollo de la maquinaria. "Esas revueltas violentas –dice– demuestran la miopía de los hombres en su manifestación más despreciable, que es la de aquel que se convierte en su propio verdugo." Pocas páginas antes, leemos lo contrario: "Sin esas violentas colisiones e interrupciones, causadas por los extravíos de los obreros, el sistema fabril se habría desarrollado más rápidamente todavía y de un modo mucho más útil para todas las partes interesadas". Luego, vuelve a exclamar: "Por fortuna para la población de los distritos fabriles de la Gran Bretaña, la mecánica sólo progresa paulatinamente." "Es injusto –dice– acusar a las máquinas de que disminuyen el salario de los adultos al desplazar de la fábrica a una parte de éstos, haciendo que aumente con ello la demanda de trabajo. Las máquinas extienden el campo del trabajo infantil, aumentando por tanto su cuota de salario." En otro sitio, este mismo autor consuela a los obreros del bajo nivel de los jornales infantiles con el argumento de que estos bajos jornales "contienen a los padres de mandar a sus niños demasiado pronto a las fábricas". Todo su libro es una apología de la jornada de trabajo ilimitada, y su espíritu liberal recuerda los tiempos más sombríos de la Edad Media, en que la legislación prohibía que se estrujase a los niños de 13 años más de doce horas al día. Lo cual no le impide invitar a los obreros de las fábricas a dar gracias a la Providencia que, mediante la invención de la maquinaria, les ha dejado el ocio necesario para meditar sobre sus sagrados e inmortales intereses.127 escorts barcelona Si sus hilados circulan es porque él lanza al mercado su producto anual, ni más ni menos que hacen los demás capitalistas con las mercancías de su fabricación. Pero, antes de lanzarse al mercado, estos productos figuraban ya en el fondo anual de producción, es decir, en la masa global de objetos de todo género, en los que se convierte, al cabo del año, la suma global de los capitales individuales o el capital global de la sociedad y del que cada capitalista individual sólo posee una parte alícuota. Las operaciones del mercado no hacen más que establecer el intercambio entre las distintas partes integrantes de la producción anual, hacerlas pasar de mano en mano, pero sin hacer que aumente de volumen la producción global de un año ni que cambien de naturaleza los objetos producidos. Por tanto, el uso que se haga o pueda hacerse del producto global anual dependerá de la propia composición de éste, pero nunca de la circulación. videos de playmates Pero, aun prescindiendo de lo que supone el exceso de trabajo real, este llamado sistema de relevos es un aborto de la fantasía capitalista, no superado por Fourier en los bosquejos humorísticos de las "courtes séances"; con la diferencia de que aquí la atracción del trabajo se convierte en la atracción del capital. No hay más que fijarse en aquel esquema patronal que la buena prensa ensalzaba como modelo de lo "que puede conseguir un grado razonable de cuidado y de método" "what a reasonable degree of care and method can accomplish". El personal obrero aparece dividido en 12 a 15 categorías, cuyos elementos cambian, además, constantemente. A lo largó de las 15 horas de la jornada fabril, el capital retiene al obrero tan pronto 30 minutos como una hora, para repelerlo enseguida y atraerlo de nuevo a la fábrica y expulsarlo de ella, zarandeándolo todo el día, en jirones de tiempo sueltos, sin perder jamás el dominio sobre él al cabo de las 15 horas. Los mismos personajes actuaban por turno en las diversas escenas de cada acto, como en el teatro. Y así como el actor vive para la escena todo el tiempo que dura el drama, el obrero vivía pendiente de la fábrica las 15 horas, sin contar el tiempo de ir y de volver. De este modo, las horas de descanso se convertían en horas de ocio forzado, que empujaban al obrero joven a la taberna y a la obrera joven al prostíbulo. Y el obrero tenía que ingerir su comida tan pronto a una hora como a otra, según el plan que aquel día se le ponía en la cabeza al patrono para mantener en marcha su maquinaria 12 o 15 horas seguidas sin aumentar el personal. Al promoverse la campaña de agitación de las 10 horas, los fabricantes pusieron el grito en el cielo, diciendo que la canalla obrera todo se volvía pedir, en la esperanza de conseguir por 10 horas de trabajo 12 horas de jornal. Ellos daban ahora la vuelta a la tortilla, pagando 10 horas de salario por disponer de las fuerzas de trabajo durante 12 y 15 horas.133 ¡He aquí la madre del cordero! En esto se había convertido, en manos de los fabricantes, la ley de las 10 horas. En manos de aquellos librecambistas tan llenos de unción religiosa, chorreantes de amor al prójimo, que durante 10 años enteros, mientras duró la campaña anticerealista, habían estado echándoles a los obreros, al céntimo, las cuentas de que tan pronto como se levantasen los aranceles del trigo, con los recursos de que disponía la industria inglesa, bastaría y sobraría con una jornada de 10 horas para enriquecer a los capitalistas.134 Acompañantes de lujo La maquinaria, al hacer inútil la fuerza del músculo, permite emplear obreros sin fuerza muscular o sin un desarrollo físico completo, que posean, en cambio, una gran flexibilidad en sus miembros. El trabajo de la mujer y del niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria. De este modo, aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros, se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del número de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital. Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar, no sólo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto del trabajo libre dentro de la esfera doméstica y, a romper con las barreras morales, invadiendo la órbita reservada incluso al mismo hogar.35
La Comisión investigadora de 1862 había propuesto también que se reglamentase de nuevo la industria minera, industria que se distingue de todas las demás en que en ella se dan la mano los intereses de terratenientes y capitalistas industriales. El antagonismo de estos dos intereses encontrados había favorecido a la legislación fabril: como en la minería no existe antagonismo están explicadas todas las dilaciones y mortificaciones que la legislación minera hubo de sufrir. La Comisión investigadora de 1840 había hecho descubrimientos tan terribles e indignantes y provocado un escándalo tan grande ante los ojos de toda Europa, que el parlamento no tuvo más remedio que dejar a salvo su conciencia con el Mining Act de 1842, en el que se limitó a prohibir el trabajo de las mujeres y niños menores de 10 años en las labores subterráneas. contactos girona "Un oficial panadero comienza generalmente a trabajar hacia las 11 de la noche. Lo primero que hace es preparar la masa, operación fatigosísima que dura media hora o tres cuartos de hora, según la cantidad de pan que haya de amasar y su finura. Luego, se tiende en la tabla de amasar, que sirve al mismo tiempo de tapadera de la artesa en que se prepara la masa, y duerme un par de horas con la cabeza apoyada en un saco de harina y tapándose con otro. Enseguida viene un trabajo veloz e ininterrumpido de 4 horas, consistente en trabajar, pesar, modelar la masa, meterla en el horno, sacarla del horno, etc. La temperatura de una panadería oscila entre 75 y 90 grados [24º y 32º C], y en las panaderías pequeñas más bien es mayor que menor. Cuando se ha terminado la faena de hacer panes, panecillos, bollos, etc., comienza la del reparto, y una buena parte de los jornaleros que se han pasado la noche dedicados al duro trabajo que acabamos de describir, se dedican durante el día a repartir el pan en canastos de casa en casa o a tirar del carrito por la calle, sin perjuicio de acudir a la panadería a trabajar en los ratos que esta ocupación les deja libres. La jornada termina entre 1 y 6 de la tarde, según la época y la cantidad de trabajo; otra parte de los oficiales trabaja en la panadería hasta más de medía noche."46 "Durante la temporada, los oficiales panaderos del Westend de Londres empleados en las panaderías de precio "completo" comienzan a trabajar, por regla general, hacía las 11 de la noche y trabajan en las faenas de panadería hasta las 8 de la mañana, sin más interrupción que una o dos pausas breves. Después, se les emplea hasta las 4, las 5, las 6 y hasta las 7 de la tarde en el reparto, y a veces en la propia panadería, para la elaboración del bizcocho. Acabadas estas faenas, disfrutan de un sueño de 6 horas, que muchas veces quedan reducidas a 5 y a 4. Los viernes, cl trabajo comienza siempre más temprano, hacia las 10 de la noche, y dura sin interrupción, bien en la elaboración o en el reparto del pan, hasta las 8 de la noche del sábado siguiente o hasta las 4 o las 5 de la mañana del domingo, como suele ocurrir. En las panaderías de lujo, que venden el pan a su "precio completo", suele trabajarse también los domingos durante 4 o 5 horas, preparando el trabajo para el día siguiente... Los oficiales panaderos que trabajan para "underselling masters" (aquellos que venden el pan por debajo de su precio completo) y que representan, como más arriba decíamos, más de la 3/4 de los panaderos londinenses, tienen una jornada de trabajo todavía más larga, pero su faena se circunscribe casi exclusivamente a la panadería, pues sus maestros, fuera del suministro a pequeñas tiendas, sólo venden en el despacho propio. Al final de la semana..., es decir, los jueves, el trabajo comienza aquí hacia las 10 de la noche y dura, con breves interrupciones, hasta bien entrada la noche del domíngo.47 escorts barcelona Estas formas son precisamente las que constituyen las categorías de la economía burguesa. Son formas mentales aceptadas por la sociedad, y por tanto objetivas, en que se expresan las condiciones de producción de este régimen social de producción históricamente dado que es la producción de mercancías. Por eso, todo el misticismo del mundo de las mercancías, todo el encanto y el misterio que nimban los productos del trabajo basados en la producción de mercancías se esfuman tan pronto como los desplazamos a otras formas de producción. Academialloret El régimen feudal, en el campo, y en la ciudad el régimen gremial, impedían al dinero capitalizado en la usura y en el comercio convertirse en capital industrial.58 Estas barreras desaparecieron con el licenciamiento de las huestes feudales y con la expropiación y desahucio parciales de la población campesina. Las nuevas manufacturas habían sido construidas en los puertos marítimos de exportación o en lugares del campo alejados del control de las antiguas ciudades y de su régimen gremial. De aquí la lucha rabiosa entablada en Inglaterra entre los corporate towns (140) y los nuevos viveros industriales. imprenta barcelona El paso de la forma I a la forma II y el de ésta a la forma III, entraña cambios sustanciales. Por el contrario, la forma IV no se distingue de la forma III sino en que aquí es el oro el que viene a sustituir al lienzo en su papel de forma de equivalente general. En la forma IV, el oro desempeña la función de equivalente general que, en la forma III, correspondía al lienzo. El progreso consiste pura y simplemente en que ahora la forma de cambiabilidad directa y general, o sea la forma de equivalente general, se adhiere definitivamente, por la fuerza de la costumbre social, a la forma natural específica de la mercancía oro. guia ocio barcelona Como se ve, en la producción capitalista, la economía del trabajo mediante el desarrollo de su fuerza productiva 8 no persigue como finalidad, ni mucho menos, acortar la jornada de trabajo. Tiende simplemente a acortar el tiempo de trabajo necesario para la producción de una determinada cantidad de mercancías. El hecho de que un obrero, al aumentar la fuerza productiva de su trabajo, pueda producir en una hora, supongamos, diez veces más mercancías que antes, necesitando por tanto diez veces menos tiempo de trabajo para la fabricación de cada ejemplar de esta mercancía, no es, ni mucho menos, obstáculo para que continúe trabajando 12 horas, como hasta allí, aunque en las 12 horas produzca 1,200 piezas en vez de 120, que producía antes. Y hasta puede ocurrir que su jornada, lejos de disminuir, se alargue, haciéndole trabajar 14 horas para producir 1,400 piezas, etc. No debemos, pues, asombrarnos sí en economistas del corte de un MacCulloch, de un Ure, de un Senior y tutti quanti (73) leemos en una página que el obrero debe gratitud al capital por desarrollar las fuerzas productivas, ya que de este modo se reduce el tiempo de trabajo necesario, y en la página siguiente que le debe dar las gracias por hacerle trabajar 15 horas en lugar de 10. En la producción capitalista, el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo tiene como finalidad acortar la parte de la jornada durante la que el obrero trabaja para si mismo, con el fin de alargar de este modo la otra parte de la jornada, durante la cual tiene que trabajar gratis para el capitalista. Al examinar los diversos métodos de producción de la plusvalía relativa, que pasamos a estudiar, veremos hasta qué punto puede alcanzarse este resultado sin necesidad de abaratar las mercancías. guia ocio españa Además, el desarrollo de la fuerza capital lanzado ya al proceso de producción productiva del trabajo reacciona también sobre el capital original, o sea, sobre el capital lanzado ya al proceso de producción Una parte del capital constante en funciones consiste en medios de trabajo, tales como maquinaria, etc., que sólo puede consumirse, y por tanto reproducirse o reponerse por nuevos ejemplares de la misma clase, en períodos relativamente largos de tiempo. Pero cada año muere o alcanza la meta de su función productiva una parte de estos medios de trabajo. Es decir que, cada año, esta parte se halla en la fase de su reproducción periódica o de su reposición por nuevos ejemplares de tipo igual. Cuando la fuerza productiva del trabajo aumenta en los hogares de producción de estos medios de trabajo, desarrollándose constantemente con los avances ininterrumpidos de la ciencia y la técnica, las máquinas, las herramientas, los aparatos, etc., antiguos ceden el puesto a otros nuevos, más eficaces y más baratos, en proporción a su rendimientos. El capital antiguo se reproduce bajo una forma más productiva, aun prescindiendo del cambio constante de detalles de los medios de trabajo existentes. La otra parte del capital constante, las materias primas y las materias auxiliares, se reproduce constantemente dentro del año, y en las ramas agrícolas, por lo general, anualmente. Toda implantación de nuevos métodos, etc., surte, pues, casi al mismo tiempo, los efectos de un nuevo capital, de un capital ya en funciones. Cada progreso químico no sólo multiplica el número de las materias útiles y las posibilidades de utilización de las ya conocidas, extendiendo con ello, al crecer el capital, las esferas de su inversión, sino que, al mismo tiempo, enseña a lanzar de rechazo al ciclo del proceso de reproducción los detritus del proceso de producción y de consumo, con lo cual crea nueva materia capitalista, sin necesidad de un previo desembolso de capital. A la par que una explotación intensiva de la riqueza natural por el simple aumento de tensión de la fuerza de trabajo, la ciencia y la técnica constituyen una potencia de expansión del capital independiente del volumen concreto del capital en funciones. Esta potencia reacciona también sobre la parte del capital original que se halla en su fase de renovación. Bajo su nueva forma, se asimilan gratis los progresos sociales conseguidos a espaldas de su forma anterior. Claro está que este desarrollo de la fuerza productiva va acompañado, al mismo tiempo, por una depreciación parcial de los capitales en funciones. Allí donde esta depreciación se agudiza con la concurrencia, descarga su peso principal sobre los hombros del obrero, con cuya explotación redoblada procura resarcirse el capitalista. www.wmailbox.com 215 Senior, Reports of Proceeding: etc., p. [65] 66. Hasta qué punto la gran industria, al alcanzar cierto nivel, revolucionando el régimen material de producción y las condiciones sociales de ésta, revoluciona también las cabezas, lo demuestra palpablemente una comparación entre el discurso pronunciado por N.W. Senior en 1863 y su filípica contra la ley fabril de esa misma fecha, y) sí se ve también comparando las opiniones del citado Congreso con el hecho de que en ciertas comarcas rurales de Inglaterra les está vedado todavía a los padres pobres, so pena de morir de hambre, educar a sus hijos. Así por ejemplo, Mr. Snell refiere como una práctica corriente en Somersetshire que cuando una persona pobre solicita el socorro parroquial se le obliga a sacar a sus hijos de la escuela. Y Mr. Wollason, párroco de Feltham. refiere casos en que se negó a ciertas familias todo socorro “¡por mandar a sus chicos a la escuela!”
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